Seguimos recuperando documentos publicados en otros lugares de este cóctel de blogs. Concretamente transcribo ahora un artículo que publiqué el 14 de marzo de 2008 sobre este problema de los trastornos alimentarios que afecta a gran parte de la población.
Recientemente asistí en mi centro a una interesante charla sobre el problema de la anorexia y de la bulimia en el mundo juvenil. No le damos demasiada importancia a este fenómeno, pero debemos de dársela. Los trastornos alimentarios afectan entre el 1 y el 3 por ciento de la población. Pensemos en un centro educativo con 400 estudiantes. Entre 4 y 12 son los adolescentes que allí estudian los que pueden verse afectados por alguno de estos problemas. Nos estamos refiriendo no a sobrepesos o delgadez, sino a anorexias y a bulimias.
Por cada diez personas afectadas, 9 son mujeres y una es hombre. Fundamentalmente afecta a "niñas" entre 10 y 20 años de edad.
Son personas "normales", como cualquiera de nuestros vecinos, amigos o compañeros. Suelen ser personas inteligentes, muy exigentes con ellos mismos (o mejor dicho con ellas mismas, pues fundamentalmente las afectadas son nuestras jóvenes).
La sociedad, la moda, el culto al cuerpo, los primeros escarceos amorosos... inciden en nuestras jovencitas y empiezan a hacer cosas raras: quieren ser perfectas. Se deprimen si no son admiradas. Con nada de lo que tienen en su armario se ven guapas, están feas, barrigonas, gordas...
No tienen hambre o "han comido antes" de sentarse con sus familias a la mesa, nos ponen escusas: "la mamá de Fulanita me ha dado mucho de merendar y ya estoy llena"... O se da una atracón de comer y sistemáticamente se va al baño o a la calle con cualquier escusa. Posiblemente se haya angustiado de tanto comer y lo compensa con vómitos forzados, o con diuréticos... Cuando nos damos cuenta estamos ante un grave problema, que no es sólo médico y que es difícil de resolver.
Por ello, como madres, como padres, como educadoras y educadores debemos de estar atentos a los signos que nos manifiestan nuestros jóvenes y estar prevenidos ante este tipo de conductas. Cuanto antes detectemos el problema, antes podremos poner a nuestras hijas (o a nuestros hijos) en manos de especialistas. En cualquier caso hay que tomárselo con serenidad: estaremos en mejores condiciones de pensar y de tomar decisiones acertadas.
El 25 de mayo de 2008 publiqué el presente artículo en otro lugar de esta coctelera. Lo rescato, pues sigo pensando que es de actualidad.
Recientemente en el marco de unas Jornadas de Atención a la Diversidad asistí a una conferencia de D. Javier García Perales sobre un programa de convivencia escolar que como orientador escolar había estado experimentando en los últimos cursos. Su experiencia tiene como referencia el programa Golden5 que la profesora Mª José Lera (Universidad de Sevilla) y otros profesores europeos están llevando a cabo en distintos centros educativos. Mi intención con este artículo no es describir el mencionado programa, si no extractar, a modo de recetario, determinadas consignas que pueden favorecer ciertos cambios de mentalidad en algunos y algunas docentes y empezar a resolver de otra manera las dificultades de gestión de aula que, en algún momento, pueden tener. Vamos con el recetario: • Los mensajes o diálogos interiores del tipo "he hecho todo lo que he podido y esto no funciona" no son útiles y además no son realistas. Tenemos que buscar pensamientos más positivos: tenemos que cambiar nuestros pensamientos. • Tenemos que evitar mensajes no verbales negativos. Por ejemplo entrar cabizbajos en el aula o no mirar a la cara al alumno. • Evitemos mensajes del tipo: "ya estás como siempre" o "nunca sacas los libros". • Debemos de centrarnos en la conducta del alumno o alumna y no en sus características personales. Concretamente nos interesa hacer hincapié en la conducta que esperamos y no en la que queremos suprimir. • Vamos a dirigirnos al alumno por su nombre. No usemos gestos, palabras o tonos de voz despectivos. • Miremos al alumno, usemos gestos adecuados y aproximémonos a él. • Apercibamos en privado y reforcemos públicamente las conductas adecuadas. Prestemos atención a conductas positivas alternativas. Prestemos atención al alumno cuando esté trabajando, facilitémosle AYUDA cuando la necesite y lleguemos a ACUERDOS de trabajo y/o conducta con ellos. • Usemos alguna cualidad positiva del alumno como referencia común en el aula. • Informemos al alumno de las consecuencias de la conducta negativa si ésta persiste. • Con su conducta muchos alumnos están reclamando nuestra atención. Si se la prestamos, estamos reforzando esa conducta. En alguna ocasión, esa conducta podemos obviarla. En otros momentos, podemos solucionarlo anunciando al alumno una charla con nosotros a la finalización de la clase. Otras veces lo podemos invitar a que abandone la clase durante unos minutos ("espera fuera hasta que yo te avise", con firmeza)... • Hablemos bien del alumno delante de otros adultos y de otros alumnos. • Saludemos al alumno cuando nos lo encontremos fuera del aula. • Hablemos con el alumno de otros temas (no sólo educativos). • Recordemos con el alumno algo que él nos haya contado. • Nosotros también podemos hablar de nosotros mismos. • Utilicemos el sentido del humor. Sin herir. • Mostrémonos firme, pero sin humillar. • Seamos empáticos, pongámonos en el lugar del alumno y negociemos. • Cuando vayamos a dar la clase, informemos de los objetivos que pretendemos con ella. • Finalicemos la actividad haciendo un resumen y una valoración de la misma (sin sensación de derrota) y abriendo buenas expectativas para la próxima clase ("en la próxima clase espero..."). • Las tareas que propongamos deben de tener distinto nivel de aplicación, en función de cada alumno. • Empleemos, aunque sea ocasionalmente, el trabajo cooperativo con grupos homogéneos en nuestras clases. Si nos convencemos de la bonanza del mismo, lo utilizaremos con más frecuencia. • Sancionemos, proporcionalmente, las conductas negativas, pero ofrezcamos vías de recuperación ("sí haces..., te cambio la sanción o te la quito"). • Utilicemos un programa de economía de fichas: quitemos y pongamos puntos en función de determinadas conductas o actuaciones. Al estilo de los "puntos del carné de conducir". Tengamos preparados los premios que correspondan. • Despersonalicemos los conflictos. Tenemos que garantizar los derechos colectivos ("los demás tienen derecho a...") o exigir nuestros propios derechos ("yo tengo derecho a...") o remitámonos a las normas ("la norma nos obliga a..."). • Todas las estrategias no podemos aplicarla a la vez. Elijamos 2 ó 3 estrategias y apliquémoslas a 3 ó 4 alumnos. Experimentemos con ellas. • Tengamos en cuenta que por nuestra propia autoestima, en algún caso, es conveniente realizar cambios.
La imagen ha sido publicada por Glovovisión en FLICKR
Posiblemente al autor de esta "presentación", le podríamos intentar poner en crisis muchos de sus fundamentos. Pero como documento para iniciar la discusión, este documento está muy bien.
En las últimas décadas, las familias y los centros escolares han luchado para que los hijos y alumnos hagan algo más que ver la "tele". Es decir, había que hacer las tareas, el niño quería ver la tele. De la tele en blanco y negro pasamos a la tele en color y con ello el poder de atracción de este electrodoméstico fue en aumento. Cada vez el poder de la imagen iba en aumento: velocidad de las mismas, cambios continuos de plano, voces sugerentes, música... En el otro lado una madre y un padre "motivando" a sus descendientes a que con un bolígrafo de varios colores (en el mejor de los casos), un lápiz y una goma se enfrentaran a la tarea escolar que les habían mandado desde el colegio o instituto. La batalla se perdía fácilmente. Mucha automotivación tenía que tener un alumno para avanzar en la tarea o mucho poder de persuasión tenían los padres para mantener a los alumnos frente a sus escritorios, suponiendo que contaran con ese elemento.
La batalla se perdía, pero ¿ganamos la guerra? Me temo que no. A la tele se han unido: potentes equipos de música, radio-formulas peligrosas, ordenadores con conexión a redes sociales cada vez más sotisficadas, móviles que hacen de casi todo, maquinitas de todos los colores con los mejores juegos... Y hay que seguir haciendo los deberes con las mismas herramientas que describimos en el párrafo anterior. A veces, el alumno tiene que buscar información en Internet o en la enciclopedia electrónica que tenemos instalada. Copiar y pegar. No más esfuerzos.
Habrá que reconocer que las nuevas tecnologías están aquí y estemos a favor o en contra, están influyendo en nuestras vidas. A continuación podemos visionar un video sobre las ventajas y desventajas de las tecnologías, pero no podrás escuchar la música porque "este vídeo contiene una pista de audio que no ha sido autorizada por WMG".
Esperemos que la renovación-revolución tecnológica llegue a los centros educativos y se cambien las rutinas. Quizá, a partir de ese momento, los deberes sean un poco más atractivos y empiecen a competir con el entorno tecnológico y motivador que el alumnado tiene a su alrededor y los padres y madres que dedican parte de la tarde a sus hijos no tengan que pelear para que el niño haga bien sus tareas.
El alumnado de 2º de bachillerato está realizando una carrera contrareloj que lo llevará a finales de curso a examinarse de la prueba de acceso a la universidad ("la selectividad").
Están nerviosos ellos y nerviosas, también, ellas. La ansiedad les puede. No obstante hacen lo imposible por centrarse en sus estudios y romper sus propios records de estudio a pesar de que muchas y muchos de ellos también está teniendo algunas crisis sentimentales. Están en la edad (¿cuándo deja de ser la edad?)
Los profesores tutores, el profesorado de materia, los orientadores de centro estamos viviendo con ellos esta etapa educativa de su vida.
Vienen y preguntan. Vuelven y repreguntan: ¿cuándo van a publicar las notas de corte? Tradicionalmente tras las sucesivas fases de acceso a la universidad, se publicaban las notas de corte que había habido en estos procesos. El alumnado tenía un referente que le ayudaba en discernir cual tenía que ser el esfuerzo que tenía que aplicar en esta recta final hacia la selectividad.
Este año la cosa ha cambiado. La Consejería de Economía, Innovación y Ciencia a través del "Portal del Distrito Único Andaluz "(escribo desde esta tierra) enseguida de publicar las listas con las adjudicaciones a las distintas carreras, "despublicó" las notas de corte. A los correos electrónicos que se les envía responde que consultemos a las universidades. Las universidades mantienen en sus páginas web enlaces con las notas de corte que no funcionan o que vuelven a remitir a la mencionada consejería. Habrá que verlo en la web del Ministerio de Educación. Pues, no. ¿En el Consejo de Universidades? Tampoco.
¿Cuál es el problema? ¿Veremos la luz, algún día, al final del tunel?
NOTICIA DE LA 2ª SEMANA DE DICIEMBRE (2010): ¡Por fin se han publicado las notas de corte!
Recientemente he tenido la oportunidad de visitar algunos monumentos: en Londres algunos de ellos y en Santiponce otro. En estos espacios, al igual que en otros muchos, me encuentro una norma común: no me dejan hacer fotografías.
Desde la calle, puedo fotografiar lo que quiera (junto a estas líneas puedes ver el monumento de San Isidoro del Campo en la localidad de Santiponce -Sevilla-, fotografiado desde el exterior , pero en el interior no puedo tomar ninguna instantánea. ¿Cuál puede ser el problema?
Uno puedo especular y pensar: si doy un fogonazo con mi potente flash puedo elevar la temperatura de la superficie fotografiada y es posible que ésta pueda deteriorarse si hay otros muchos aficionados a la fotografía que hacemos lo mismo.
No obstante, las nuevas cámaras pueden hacer estupendas fotografías sin necesidad de utilizar el flash. Uno que es prudente, le pregunta al celador correspondiente: "¿Puedo tomar fotografías sin flash?" Respuesta amable que sigue a mi pregunta: "No, caballero. Está prohibido"
Si estuviera en un recinto privado, intentaría entenderlo: los dueños han realizado una inversión y necesitan amortizarla con la venta de productos derivados de la explotación de su negocio. Pero, ¿no está contenida en el precio de la entrada algún derecho a que yo me lleve un recuerdo fotográfico personal?
Pero si estoy en un recinto público que se ha pagado con mis impuestos, ¿esto último no me da algún derecho de propiedad sobre la obra allí expuesta y por tanto podría tomar alguna foto? Pues parece que no